martes, 24 de diciembre de 2013

Por los presentes, los ausentes y los que ya no están

Ya estamos en Navidad, esa época del año para la felicidad, la armonía y la Paz, pero que se suele convertir en la época de añoranza, melancolía, tristeza y llantos en silencio por los que ya no están, especialmente por nosotros mismos, por lo que fuimos y ya no somos,por la infancia perdida, la inocencia perdida, la seguridad perdida... Este año acaba triste para mi, he asistido al fallecimiento de un gran amigo que se fue a los 48 años, demasiado joven, además hace ya cinco años que fallecieron mis padres ¡que rápido pasa el tiempo! (cuando ha pasado, como le gustaba apostillar a mi queridísimo padre), hace ya siete años que falleció mi suegra, dos de mi padrino...demasiados compañeros de viaje se han ido ya, por suerte puedo vivir la ilusión de la Navidad, de Papá Noel y de los Reyes Magos a través de los ojos de mis hijos, es cierto que no hay mejor regalo que ver esa cara de ilusión cuando aparece Papá Noel pero sigo echando de menos la cara de orgullo de mi padre cuando me veía abrir los regalos que me habían dejado los Reyes Magos y cómo disfrutaba viendome jugar con ellos, ahora comprendo lo que sentía y lo féliz que era en esos momentos, la pena es que no lo he sabido hasta después de que él se haya ido y no he podido compartir esa ilusión, pero se que en algún sitio lo sabe. Feliz Navidad y un brindis, el brindis, el que siempre hacía mi padre "por los presentes, por los ausentes y por los que ya no están" Va por ti, papá. Va por ti, mamá.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Entre 1952 y 1956 tres amigos viajaron de Barcelona a Sao Paulo en busca de un nueva vida, eran, por orden de llegada a Brasil, Carlos López -mi tio y padrino-, Angel Lopez -mi padre- y Pedro Martinez, el mejor amigo de ambos.
En Brasil hicieron grandes y pequeñas cosas, pero sobre todo vivieron, tuvieron que luchar y trabajar, pero fue una época féliz para ellos. En 1970 mi padre regresó a España; el trío se separó pero siempre quedó la ilusión de un nueva reunión. A finales de los 70 Pedro falleció. Carlos y mipadre volvieron a verse años más tarde cuando Carlos volvió a España donde pasó un año entero, un poco después volvió a pasar cuatro meses. El 13 de agosto de 2008 mi padre falleció, 6 meses después, el 16 de febrero de 2009 falleció mi madre (Teresona, como la llamaba Carlos) y ahora el 17 de noviembre de 2011 a fallecido mi tio. Ya no queda ninguno de aquellos amigos. Seguro que ahora están asando un pernil y tomandose unas caipirinhas, una pinga o una bagaçera esperando que Carmen (mi madrina y esposa de Pedro) y Benedita (la primera mujer de Carlos en Brasil, la que compartió aquellos años con todos ellos)lleguen a donde están. No se que habrá sido sido de Irenka, Elisabeth, Angel Raso, Rufino,los hermanos Heller y tantos otras cuyas historias me contaron mis padres.
Descansen en paz, ya estai otra vez todos juntos. Preparad unas caipirinhas con poco azúcar y mucha Pinga y un Karirí que en unos 60 años estaré con vosotros.

sábado, 3 de septiembre de 2011

cumpleaños

Hoy cumplo 45, teniendo en cuenta la esperanza de vida media he llegado al ecuador de mi vida y es momento de hacer balance de la primera mitad.
Estoy casado con una mujer a la que quiero y me quiere, tengo una hija maravillosa, un hijo en camino. Tengo una casa y un trabajo. Tengo amigos, algunos los conservo desde la infancia a pesar de la infancia. Escribo y mepublican algunos relatos. Estudio derecho como hobbie y me va bien. Solo me faltan mis padres que hicieron que mi infancia y juventud fuera féliz y libre de preocupaciones, nunca se lo agradeceré lo suficiente. En general la vida me va bien, no me puedo quejar tengo todas las cosas no materiales que una persona puede desear para ser féliz, de modo que he de decir que, de momento, la vida me ha tratado bien. He llegado a los 45 años y puedo decir que soy féliz y vivo bastante bien.

sábado, 8 de enero de 2011

Soy Inmortal

El título de esta entrada, soy inmortal, llama la atención, pero realmente se puede aplicar a todo el mundo, sólo requiere un pequeño ejercicio de lógica como el que me ha llevado a mi a esta conclusión. Os voy a contar como ha sucedido. Últimamente pensaba más de lo normal en la muerte. No es que me obsesionara, simplemente me dio por ahí. Pensaba que la muerte es una putada, que trunca nuestra vida y que deja siempre muchas cosas por hacer. Realmente era esto lo que me preocupaba de la muerte, las cosas que dejaría sin haber tenido tiempo de hacer, estudiar física y astronomía, ejercer como fiscal, viajar a rincones de África y Asia que ni siquiera se que existen, conocer a mis nietos, o bisnietos, o tataranietos, en fin, mil cosas que en una sola vida no dan tiempo a hacer. Quizás la culpa es mía, dice mi mujer que soy demasiado inquieto, que siempre tengo proyectos y que siempre se me ocurre algo que tengo que hacer y que me busco obligaciones sin necesidad, pero es mi forma de vivir, necesito tener una meta, un objetivo para sentirme vivo. Luego empecé a analizar la situación un poco más racionalmente. Tenemos dos escenarios posibles tras la muerte, que exista una vida eterna o no. Si existe un Dios y nuestra alma inmortal va a gozar de una vida eterna después de abandonar esta vida terrenal, la muerte no importa, es solo un tránsito a una vida nueva en la que habrá nuevas cosas que hacer, nuevos objetivos que cumplir, nuevas metas que alcanzar, de modo que lo que hemos dejado aquí poco importará, a los familiares y amigos lo veremos cuando fallezcan y las cosas que nos hemos dejado sin hacer perderán su importancia frente a las nuevas que nos esperan. Por eso es más cómodo, y seguro para nuestra salud mental, creer en la existencia de Dios y de la vida después de la muerte. Pero queda la otra posibilidad, somos un conjunto de células, reguladas por reacciones bioquímicas y eléctricas y cuando morimos y se detienen corazón y pulmón dejamos de suministrar combustible a nuestras células y todo acaba. Punto. No hay nada más. Desaparecemos. Aquí sí podríamos sentir el miedo que comentaba al principio, el miedo a dejar cosas inacabadas, pero tampoco. Porque nunca sabremos que hemos muerto. Sólo podemos estar seguros de haber muerto después de haberse producido la muerte y si no hay nada después de esta vida no podremos ser conscientes de nuestra propia muerte con lo que tampoco seremos conscientes de lo que hemos dejado atrás, ya que mientras estemos vivos, tendremos la esperanza de que vamos a mejorar y tendremos la posibilidad de hacer aquello con lo que soñamos, aunque sea viejo y esté enfermos seguro que para el verano estoy un poco más recuperado y podemos hacer el viaje soñado, o si no es este año será el que viene. Sea como sea no nos enteraremos de nuestra muerte.
Por eso he dejado de preocuparme, porque he llegado a la conclusión de que, por lo que a mi respecta, mi muerte no existe, soy inmortal. Si hay vida después de la muerte, tengo un alma inmortal, y si no hay otra vida yo nunca sabré que he muerto, nunca conoceré mi muerte, por lo que, para mi, mi muerte no existe.
Este ejercicio de lógica es aplicable a todo el mundo, sólo requiere dos premisas, la primera el optimismo, ser capaz de pensar que cualquier situación grave, por mala y desesperada que sea, mejorará, pensar que hoy no es mi último día, que aunque esté muy enfermo seguro que mañana me encuentro un poco mejor y saber que hoy no voy a morir. La segunda es tener motivos para vivir, cada uno los suyos, tener objetivos que cumplir, metas que alcanzar, sueños por realizar, pueden ser tan grandes como hacer el viaje de tu vida o tan tontos como ver mañana el capítulo de tu telenovela favorita, pero tener un motivo para que llegue mañana y que tu sigas ahí.